Que macabro desenlace a tan dichoso matrimonio, no fue ni la muerte, ni la enfermedad, ni más accidente que el de su infeliz estancia en el mundo de Morfeo. Cómo explicar lo que quiere ser olvidado, cómo mostrar sin acusar la fatídica circunstancia que causó el fin de su compañera, del amor de su vida, de su esposa.
Reproches, lamentaciones no son suficientes para deshacer lo ya hecho,lo ya acontecido. Ningún juez ni jurado puede ser peor que el haber sido el causante de la desaparición de su amada. Dónde encontrará la tranquilidad, cuando se la arrebató él mismo, dónde el consuelo cuando recuerde los 40 años de armoniosa convivencia y 3 hijos.
Quién podria imaginarse, quién preever que sus manos se convertirian en cuchillos y su sueño en asesino. Que su enfermedad lo condenaria y su inocencia lo contradeciria: quien es capaz de actuar durmiendo como si estuviera despierto.
Juagadas tiene el destino a quien no se atiene a sus avisos, la banda de gamberros merodeaban la parcela, con sus motos, con sus capuchas, con sus gritos. Espantados y vulnerables la pareja en su caravana, ensuciada su tranquilidad vacacional, espanatada su paz, se acogian a su miedo.
Nadie puede condenar a quién durmiendo mata a quién más ama, mucho le ha tocado ya sufrir, su desdichada fortuna. De encontrar su alma gemela para acabar terminando con su vida, si los recuerdos contaran para resucitar a los muertos de seguro la traería de vuelta a la vida.
Nota: Este escrito está inspirado en una noticia de prensa, en el que el marido mata a la esposa en un sueño, días después de la pareja inquietarse por un banda de jovenes que merodeaban donde estaban acampados.
lunes, 7 de diciembre de 2009
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